martes, 18 de septiembre de 2018

CUÁNDO Y CÓMO HABRÍA NACIDO EL HOGAR HISTÓRICO DE LOS CANGALLINOS DE LA CAPITAL PROVINCIAL. LAS PRIMERAS FAMILIAS DE LA ÉPOCA REPUBLICANA QUE LA HABITARON. NOTAS PRELIMINARES.





EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO



CUÁNDO Y CÓMO HABRÍA NACIDO EL HOGAR HISTÓRICO DE LOS CANGALLINOS DE LA CAPITAL PROVINCIAL. LAS PRIMERAS FAMILIAS DE LA ÉPOCA REPUBLICANA QUE LA HABITARON. NOTAS PRELIMINARES.

(A los mecenas de la cultura cangallina: el educador Domingo Huaytalla e Ing. Jesús O. Quispe. A mis coterráneos, este regalo por fiestas patrias).

Hoy, 28 de julio de 2018, en que el Perú celebra un aniversario simbólico, el de la declaratoria de su independencia que fue anunciada con la jura de Cangallo el 7 de octubre de 1814 y afirmada con la batalla de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824, salí de casa deseoso de ver a los niños cangallinos vitoreando a la Patria, y haciendo flamear la bandera nacional y el blasón cangallino con la devoción y la alegría de mil canarios. Pero, al parecer, estos últimos años, todo ha conspirado a su realce: desde las autoridades política, edil y educativa que han mostrado punible indiferencia, hasta el poco vigor de los parroquianos de esta ciudad-capital, antaño amantes perseverantes de la Patria, excepción hecha, este año, del ciudadano Carlos Hinostroza que, a título de “cargonte de Fiestas Patrias o de la previa de la fiesta patronal de Cangallo”, y con el apoyo de la dinámica familia Aronés, regaló a la rala vecindad una corrida de toros a la vieja usanza, en la vieja plaza de Luz Pampa que sirvió nuevamente de coso, y el 29 una tarde de diversiones acuáticas en el escenario inefable del río Pampas. Mientras que ayer 27 de julio, en otros pueblos de la región y el país, los jóvenes desfilaron con la bicolor a media asta y el crespón de luto prendido como un escapulario, simbolizando la agonía de la Patria en el lodazal de una piara de cerdos de la corrupción, aquí en Cangallo, la indolencia reinaba a trasluz y sólo el astro rey doraba la tarde reclamando humedades de lúpulo. Únicamente una institución educativa recordó, a través de un modestísimo y solitario  desfile matutino del 27 de julio, que el 28 era el onomástico de nuestra amada Patria. Anteanoche, en la antevíspera, la luna había derramado, tenebrosa, lágrimas de sangre, como haciéndonos recordar que el peligro se abatía sobre nuestra patria, ya que la corrupción había mostrado sus crecidos colmillos de bestia prehistórica y algunos de sus magistrados vivaban sin ruborizarse el secuestro canallesco de la justicia, la probidad y la decencia.

Urgido por una rara desazón espiritual, desde que supe que los corruptos del Poder Judicial y del Parlamento habían convertido a la Patria en un gigantesco retrete,  una pregunta emergió con dolor desde los sótanos de mi alma, como si de pronto el vientre se me hubiera hinchado de gases malolientes y me invitase a huir rechoncho de vergüenza para tronarlos discretamente en algún rincón inviolado: ¿Y por qué esa raza de gallardos y heroicos cangallinos, que antes, con motivo de la Revolución de los Morochucos, había hecho sollozar a los gachupines de pelo en pecho y corazas de infamia, ahora no era capaz de practicar una cirugía social extirpando a los yanacones del Poder Judicial que quieren robarnos la Patria y su hija hermosa, la justicia, para prostituirlas? El interrogante, me llevó  a su vez a indagar por la identidad social de nuestros ascendientes que libraron duras luchas con el diabólico río Macro por convertir la antigua Qochqawayqo (presunto alias despectivo del asiento cangallino: pedregoso, áspero y espinoso), en la próspera sucursal del paraíso al decir de José Ruiz Fowler, primero como una aldea, luego como un pueblo, una villa y finalmente una ciudad. ¿Quiénes fueron esos valientes tatarabuelos que hicieron de un lugar arisco y escabroso en la otrora feliz tierra prometida de nuestros padres y abuelos: la Entre Ríos o la Mesopotamia cangallina de hace casi dos centurias, recuperada de las atrocidades de Ricafort y Carratalá, pero hoy a punto de ser canibalizada nuevamente por sus enemigos y sus obtusas autoridades afectadas de cacosmia (es decir, adictas a embotellar en frascos de perfume las ventosidades del demonio y a gozar con los olores ácidos de la basura descompuesta, aun cuando ellas no existan físicamente).

No sabemos exactamente cuándo surgió Cangallo como pueblecillo de única y angosta callecita, llamada Cuchuncalle, anexa a lo que hoy son las huertas de los Prado, los Aguirre, los Obregón y los Aronés, entre otros (a orillas del riachuelo La Tenería), y las vegas bien cuidadas  de los Hinostroza en la calleja abierta más tarde que hoy se llama Tupac Amaru. Tampoco sabemos quiénes fueron sus primeros vecinos. Cangallo era, en sus inicios formativos y seguramente en las etapas posteriores de su evolución social: la del desarrollo regional warpa, la imperial wari, la del estado regional chanca y la imperial incaica, apenas un salpicado de chozas con características constructivas distintivas según sus inquilinos de turno, habitadas antes de la llegada de los españoles por un pequeño manojo de descendientes chancas distribuidos en dos ayllus llamados Qollana Cucho y Qollana. Probablemente, desde la época formativa,  convivían con otros ayllus que  tenían algunas heredades en la margen derecha del Macro, llamada hoy Huertapata. Más tarde habrían llegado los Hanan Chillq´es desde Paruro (Cuzco) y los Pabres o Papres como mitmas incas de privilegio, asimismo del Cuzco, para cumplir funciones de control social. El resto del área era pues un delta pedregoso en donde el indómito río Macro hacía de las suyas en cada período estival. Probablemente en distintos momentos de la época preincaica e incaica llegaron mitmas waris y pequeños ayllus itinerantes como los Pillaca, Wamani, Arones, Chauqa, Pullo, Kuya, Chilq´es, Qosqos, etc. y se ubicaron en los pisos y planicies circundantes al delta (Huertapata, Qochaorqo, Tumbay, Ayaorqo, Mollepampa, Chauchura, Yuraqyaku, Cangallupata, Wawapuquio, Qochapata, Erwaqa, Matero, Putica, Qanqalla, Wankarukma, etc). En los inicios de la época colonial, lo hicieron los Ataupillu, que fueron reducidos en Putica por orden del virrey Toledo, y otros grupos pequeños como los anotados líneas antes que genéricamente fueron llamados “mitmakunas” y que, con el tiempo, sus identidades étnicas se convirtieron muchos en apellidos familiares. Los más conocidos eran: Wallanqa, Qoseqawa, Qasani, Qawana, Mucha, Wamaqto, Yukra, Apaiko, Aroni, Pullo, Cuya, etc., que, con la llegada de los españoles al valle, se mestizaron prontamente en distintos grados biológicos. Recordemos que, en la época colonial, el pueblo de Cangallo se había convertido en residencia de corregidores y de algunos miembros de la aristocracia huamanguina, habiendo sido la cuna de cuatro hijos de uno de los marqueses de Feria (José Manuel de la Vega Cruzat) y la de José Ignacio Sánchez de Bustamante de Vega y Cruzat (vástago de Francisca de la Vega Cruzat, ligada al marqués de Valdelirios, y Diego Sánchez de Bustamante, nieto del citado general de la Vega Cruzat). Sabemos que antes de la segunda fundación de Huamanga que ocurrió en 1539, (la primera fue en 1536 como “Villaviciosa de Huamanga”), el valle del Pampas fue un mosaico complejo de nacionalidades cuyas identidades aún no las hemos determinado inequívocamente (Ver mi libro “Ayacucho: Vilcashuamán y Cangallo”, 2008: 121 y sq.). Cangallo, por el contrario, no fue nunca fundada y surgió ─como por arte de pictograma espontánea pincelada por un hacedor supremo o un capricho de Clío la musa de la historia─ un oasis de ternura cósmica, casi igual que Circamarca, Huancaraylla, Huancapi, Colca, Quilla, Pitagua, Hualla, Canaria, Huambalpa, Huamanmarca, Aqomarca, Huarcas, Vischongo, Pomaqocha, salvo Vilcashuaman que siguió un patrón establecido por los arquitectos incas y adaptado más tarde a los patrones urbanísticos coloniales tendentes a la cuadrícula española, a los que se agregan las haciendas de Upiray (¿Viraco?), Huallhua, Chija, Moncua, Izarquis, Pomatambo, Huacaña, Pujas, Puyachi, Huallhua pequeña, Muchaipata, Saurama, Yananaco, Punturco, Chumbes, La Colpa, Qaqamarca, Pariamarca y las estancias de Vero, Ccohuas, Tomapez, Imaguay, Ocros, Qewa, Llaqolla, etc; muchos en el piso ecológico q´eshwa y algunos otros en el nicho suni. Inicialmente y en muchos momentos, el pueblo de Cangallo fue una especie de pascana (entendida como una estación de descanso obligatorio que mitigaba la fatiga provocada por las largas jornadas de viaje) o tambo desde los incas, por donde pasaban, aparte de los viajeros, los migrantes exigidos por sus dominadores de turno [grupos étnicos itinerantes como los Andamarcas lucaninos, que llegaron hasta el lugar donde se refundaría Huamanga en 1540 (el actual barrio de Santa Ana), los Challcos y Huancasayas que también habrían llegado hasta la actual altipampa morochucana, los Soras y Caviñas que arribaron hasta Chiara, y los Arones que, según los cuzqueños Uriel García y Alberto Gieseck, eran mitmas waris que procedían de la lejana Caylloma (Arequipa) y habrían llegado a alguna vecindad del pueblo de Cangallo, para más tarde establecerse en la villa]. Todos habrían hablado el aimara (quizás también el qaqi-aru o qakaru y el pukina), y con la llegada de las etnias cuzqueñas: el runasimi, aparte, claro está, de sus lenguas particulares llamadas qawasimis. Más tarde, el pueblo de Cangallo, habría sido con Vilcashuaman y Pomaqocha, los tambos obligados de los grandes hacendados-mineros huamanguinos que iban  a Chumbilla, como los Oré, y de los hacendados-obrajeros de Chinchero y Cayara como el general José Manuel de la Vega Cruzat. Quedaron registradas en la historia local cangallina: las visitas de posada del futuro obispo huamanguino del Imperial (Valdivia - Chile), el célebre Luis Jerónimo de Oré, en su tránsito vacacional hacia Chumbilla junto con sus hermanos; las visitas periódicas del antiguo marqués de Feria don Gaspar Carrillo (cuando propietario de la hacienda Chinchero); la visita del sabio Antonio Raimondi; y en nuestros tiempos: la del consagrado escritor andahuaylino José María Arguedas, en uno de sus periplos viajeros con su padre que fue un abogado itinerante (Para mejores datos, ver mi libro “Ayacucho: Vilcashuaman y Cangallo, 2008: 230 a 269).

Con el advenimiento de la República, llegaron a la ciudad de Cangallo nuevos miembros mestizos de la burocracia estatal que se adicionaron a los descendientes dejados por el largo coloniaje, algunos de cuyos apellidos hasta ahora subsisten en nuestra localidad siendo casi imposible contabilizarlos e identificarlos, ya que los libros de nacimientos, matrimonios, defunciones y testamentos se han perdido irremediablemente. Sin embargo, contamos con dos fuentes documentales de 1826: la primera, relativa a las familias tributantes de la ciudad de Cangallo, suponemos no-indígenas,  indultados del pago por haber sido víctimas de los incendios de Cangallo, que, en buena cuenta, es el único padrón cuya verdad es poco más o menos que indiscutible; la segunda, referida a una revisita de indígenas de toda la provincia de Cangallo realizada por Manuel Valdivia, incluida la ciudad-capital, y que tuvo por objetivo no sólo determinar el número de sus habitantes, sino el de sus contribuyentes indígenas. Puede decirse que legítimamente es un censo de indígenas de toda la provincia de Cangallo, que incluye a todos sus pueblos y haciendas, y en el que se incluye también lo relativo a los contribuyentes indígenas de la ciudad-capital y dos aldeas indultadas también por haber sido incendiadas, como Putica y Ocros. Estas fuentes pueden servir como notas de ayuda para dar respuesta a preguntas como:

        ¿Cuántos habitantes tenía el distrito o, más bien, la parroquia de Cangallo?
         ¿Cuál fue la organización social del naciente pueblo republicano de Cangallo? ¿Replicaba la organización colonial o exhibía ya algunas peculiaridades reflejadas por las Constituciones de 1823 y la efímera bolivariana de 1826?
         ¿Cuántos individuos lograron supervivir aproximadamente a la destrucción total del pueblo de Cangallo después de los incendios genocidas del 2 de diciembre de 1820 y del 17 de diciembre de 1821 a manos de Ricafort y Carratalá, y cuántos más a las riadas dantescas del río Macro?, y que, como es lógico, habrían provocado periódicas migraciones importantes a los pueblos vecinos y ciudades como Huamanga, Ica y Lima? .
         ¿Cuáles son las familias de identidad definida y cuál fue el número total de sus miembros que supervivieron a la Revolución de los Morochucos y concretamente a los reclutas que se enrolaron al Ejército Unido Libertador poco antes de la batalla de Ayacucho?
         ¿Cuántas de las familias tributantes identificadas en los padrones oficiales poco antes de 1826 (pero eximidas de la obligación en razón a haber sido víctimas de los incendios practicados por los españoles, tanto en Cangallo y sus haciendas y estancias), tienen descendientes en la masa poblacional cangallina de hoy?
         ¿Qué familias habrían arribado paulatinamente a la ciudad de Cangallo después de 1826, cuyos descendientes son considerados ahora cangallinos?          
         ¿Qué familias han emigrado y cuyos apellidos han desaparecido totalmente del patrimonio local desde que el Perú obtuvo su independencia política?

Tenemos conciencia de que no podemos dar en este breve espacio todas las respuestas con la amplitud y la densidad que ellas demandan, porque no sólo carecemos de documentos complementarios para realizar cálculos comparativos, sino que además los criterios y límites demarcatorios políticos han variado por las múltiples recomposiciones territoriales; pero las que esbozamos con suprema dificultad, podrían proporcionar por lo menos los derroteros iniciales para investigaciones posteriores que ojalá los estudiosos de la universidades huamanguinas o institutos locales, las emprendan con el apoyo económico del gobierno local. Es urgente que reconstruyamos nuestra identidad cangallina para constituirse en la piedra angular que sirva para construir el futuro que está tornándose sombrío a causa de la decadencia que ha empezado a corroerla lentamente sin que nadie advierta o nadie tenga la valentía de denunciarla. Y es urgente también incorporar sus resultados en el currículo escolar y de formación magisterial, pues, quién no conozca por lo menos el entorno de su realidad social, es un ciego sin lazarillo condenado a tropezar y ser engullido por las fauces del abismo de la caducidad. Las estadísticas nos están advirtiendo a gritos; desgraciadamente la sordera y la miopía aldeana de nuestras autoridades tutelares no la perciben.

Por ahora, veamos solamente el tema de las familias fundadoras de la ciudadanía cangallina de la Época Republicana que dejaron de ser súbditas del monarca español Fernando VII que, en efecto, tiene más un valor anecdótico que estructural para los estudios demográficos y/o socio-históricos de la sub-región, ya que trataré solamente lo concerniente a la ciudad-capital de Cangallo, excluyendo  a las demás circunscripciones de la antigua parroquia o distrito de Cangallo reconocidas oficialmente en 1826, como las haciendas Ccanccalla, Uriguana, Tucsin y Huallchancca, y las estancias de Pantin, Pomabamba y Huallchancca. Las familias de las haciendas Qochapata y Saywapata que pertenecían también a la parroquia de Cangallo, habrían sido sumadas por su escaso número a una de las haciendas o estancias oficialmente reconocidas. Las familias de Putica y Wankarukma, consideradas por su cercanía como pertenecientes a la parroquia de la capital Cangallo (no siquiera a título de anexos, pese a tener Putica buen número de habitantes, denominadas en los padrones “almas de población”: 335 (160 hombres y 175 mujeres), fueron censadas separadamente,  y sus resultados también presentados independientemente. La hacienda Pariamarca que incluye ahora a tantas aldeas del Este cangallino, pertenecía a la doctrina de Vischongo. Transcribo entonces, únicamente el listado de las familias de la ciudad-capital:

NOMBRES Y APELLIDOS DE LOS CÓNYUGES, EDADES, ESTADO CIVIL:                          
Leandro Carrasco, casado con Bernardina Araujo.
Mariano Bellido            Francisca Velasco
Dionisio Muñoz            Melchora Molina
Julián Inostroza            Melchora Molina
Manuel Belarde            Pascuala Gonzalez (2 hijos)
Calisto Tenorio             María Velasco
Pascual Barbarán        Dominga Josefa (2 hijos)
Eusebio Barbarán        (……) Sota
Andrés Calderón          Josefa Zúñiga
Juan Gutiérres              Gregoria García (2 hijos)
Isidro (?) Calderón       Cotara (?) Peralta (3 hijos)
Manuel (ileg.)                Damiana Valencia
Luis (apellido ileg.)      (nombre ileg.) Velasco
Melchor Garayar           María Huallancca
Carlos Alvizuri              Escolástica Yuyali (2 hijos)
José Alvisuri                  Andrés Esquivel
José Velasco                Asencia Pullo
Atanacio Chávez         Encarnación Prado
Carlos Cuadros           Juana Palomino
Fernando Barbarán      (n. ileg.) Jibaja ?) (4 hijos)
José Garayar                Petrona Díaz
Mauricio Obregón        Alejandra Araujo
Pedro Obregón             Juana Velasco
Mariano Velasco         Jacoba Hijado
Julián Velasco              (¿Soltero?) (ileg.)
Matías Orosco               Ancelma Ochoa
Pedro Cusiccahua (ileg.)       Mauricia Martinez
Tomás Ochoa               Micaela Huillca
Juan Artiaga                  Simona Yuyali
Ambrocio Artiaga          (huérfano, sin hijos)
Martín Gonzales           (2 hijos)
Antolin Carriño             María Calderón (1 hijo)
Santiago Vega              (no tiene hijos ni bienes)
Matías Vega                  (no tiene hijos ni bienes)
Jacinto Vega                             (no tiene hijos ni bienes)
Pedro Vega                   (no tiene hijos ni bienes)
Man… Gonzales           (viudo sin bienes)
Mario Gonzales              (solo, sin bienes)
Andrés de la Cruz          (solo, sin bienes)
Enrique Artiaga              (solo, sin bienes)
Apolinario Artiaga        (n. ileg.) Quispe
José Agüero                  Manuela Calderón (2 hijos)
José Bojorquez             Josefa Medina (1 hijo)
Mariano Alvizuri             (solo y sin hijos)
Alfonso Prado               Agustina Cceccaño (4 hijos, sin bienes)
Pablo Aguirre                Francisca Inostroza
Esteban Cárdenas         (Sin bienes ni hijos)

RESUMEN:
Madres de familia:       28
Hijos menores:              16
Hijas:                             20
Contribuyentes:            48
Almas de Población   112

Como se aprecia, la población mestiza de la ciudad de Cangallo era de 112 individuos, y los indultados de pagar tributos a inicios de la época republicana era de 48 individuos, quienes debían de haber abonado al fisco 144 pesos al año y 72 pesos al semestre, esto es sin sumar su población indígena urbana, que abajo presentaremos y que con ella alcanzaba a 358 individuos y 135 contribuyentes, cifras que, comparadas con sus estancias y haciendas, arrojaban importantes diferencias. La hazienda Ccanccalla (sic), según este primer documento, tenía 109 individuos y 34 contribuyentes; la estancia Hualchancca: 91 y 27 respectivamente; la hazienda Uriguana: 89 y 23; la hazienda Tucsin: 27 y 7; la hazienda Hualchanca: 50 y 14; Putica: 335 y 115 (160 hombres y 175 mujeres), Guancarucma: 200; Pomabamba 323; haciendo un total general para la doctrina de Cangallo, de 1104 personas: 556 hombres y 548 mujeres).

Como afirmamos en nuestro último libro sobre los morochucos, en estas listas no aparece Pampa Cangallo ni como estancia, hacienda o pueblo; en otras palabras, la estepa morochucana no estaba poblada como hoy, sino solamente dedicada a áreas de cultivo con algunas cabañas itinerantes salpicadas en la altipampa, y fundamentalmente al pastoreo de rebaños de ganado. Sus vecindades poblacionales estaban ubicadas en zonas ecológicas protegidas como Uriguana, Pantín, Tucsin y Walchanqa; pero también en Putica y la hacienda Ccanccalla. Ello explica por qué cuando los morochucos se reunían para guerrear en los años críticos de la emancipación, incluían en sus filas a muchos combatientes que vivían en estas dos localidades; y explica también el porqué el pueblo de Putica fue quemado por los represores españoles.

Es importante señalar que en las estancias morochucanas registradas en los documentos de 1826 (no de los morochucos, conocidos también como tales, combatientes de la antigua provincia de Cangallo y sus pueblos por la independencia del Perú) abundaban los apellidos hispanos como Prado, Cuadros, De la Cruz, Contreras, Marmolejo, Salvatierra, Contreras, Velasco, Inostroza, Gómez, Alarcón, Bargas, Cerda, Garamendi, Galindo, Orosco, Escalante, Sisneros, Castro, Zúñiga, Gonzales, Tenorio, Roca, Berrocal, Barrientos, Moreno, Espinoza, Palomino, Barrientos y otros; en Putica, apellidos como López, Fernández, Sánchez, Calderón, Cerda, Salvatierra, Gómez, Marquina, Baygorrea, Alarcón, De la Cruz, etc.; y en la hacienda Ccanccalla otros tantos, pero que, lamentablemente, los datos no los he registrado por negligencia mía o los he extraviado en los avatares de ir a los repositorios limeños que me consumían cuatro horas diarias de colectivos extenuantes durante dos meses. Lo dicho para los morochucos, no sucedía en los pueblos, haciendas y estancias de la provincia como Canchacancha, Huarcaya, Sarhua, Auquilla, Totos, Paras, Anus, Espite, Vilcancho, Cocas, Urancancha, Sancos, Lucanamarca (que esa vez caía en la jurisdicción de la provincia de Cangallo y no en la de Lucanas), Sacsamarca, Carapo, Manchiri, Huamanquiquia, Alcamenca, Huancapi, Quilla, Colca, Chuschi, Pacomarca, Vilcashuaman, Vischongo, Pomacocha, etc, donde la población y los apellidos identificatorios eran casi totalmente indígenas, salvo la ciudad-capital Cangallo y Ocros donde destacaban los Delgado, Castillo, Asencio, Rojas, Luján y De la Cruz (Hasta en Huancarucma, población considerada tradicionalmente como de mitmas indígenas chillq´es y yungas, encontramos apellidos hispanos como Mendoza, De la Cruz, García, Pareja, Salvador, entre otros ininteligibles). En 1826, era Gobernador Intendente de Cangallo don Miguel García, en su condición de Teniente Coronel del Ejército Libertador en Cangallo que habría reemplazado seguramente a las milicias realistas que se hallaban destacadas allí hasta poco antes de la batalla de Ayacucho para reprimir a los bravos morochucos cangallinos. Los padrones con los datos transcritos fueron elaborados por orden del prefecto de Ayacucho, general de brigada don Juan Pardo de Zela, siguiendo todavía los patrones coloniales con predominio de la demarcación eclesiástica.

Aparte de los cangallinos citadinos eximidos de tributos por haber sido arrasados  sus hogares por los incendios realistas de 1820 y 1821, en la ciudad de Cangallo fueron registrados en la revisita señalada de Manuel Valdivia el mismo año de 1826, un conjunto de individuos etiquetados como “originarios y forasteros con tierra” que vivían en la ciudad, en su mayoría habitantes de apellido indígena que indican que en Cangallo también, pese a que estaba en vigencia la efímera Constitución de 1826, la división social por pequeñas castas seguía todavía teniendo algún cuanto de  observancia. Y ello era comprensible, porque las clases sociales no se forman ni se definen por decretos. La tenencia y/o posesión de tierras o la carencia de las mismas, la procedencia o el lugar de nacimiento de los individuos, las actividades artesanales y/o domésticas; las migraciones forzadas por los desastres naturales, acontecimientos políticos y económicos de cariz nacional; el forasterismo generado en la capa indiana más pobre imposibilitada de pagar contribuciones; la ocupación en actividades arrieriles y la de pequeños comerciantes locales; pero fundamentalmente el desempeño de funciones encargadas por el poder político como el de subprefecto, juez, gobernador, alcalde, cura y, mucho más tarde, el de maestro de escuela y  el de gendarme, ayudaron a definir rápidamente la pertenencia de una familia y sus miembros a la clase alta, media o baja, que, en el caso de la ciudad de Cangallo, fue casi imperceptible o de fronteras muy borrosas y efímeras, o, dicho de otro modo, no constituyó una pirámide social de estratos nítidos. No olvidemos que Cangallo como ciudad-capital, fue declarada tal, por exigencias políticas de gratitud a su participación decisiva en las gestas emancipadoras del Perú; no precisamente por el volumen de su población ni por el tamaño de su asiento físico ni por su liderazgo económico productivo; se ganó el título a pulso guerrero de sus heroicos ascendientes indios y morochucos que la elevaron desde su condición modesta de aldea, pueblo y villa. El asunto reclama más estudios analíticos y críticos documentados, de los que carecemos hasta ahora por falta de fuentes fidedignas que nos permitan realizar verificaciones y comparaciones, y principalmente por la tacañería procaz de las entidades oficiales llamadas a promoverlos.

Los aproximadamente 246 individuos originarios y forasteros con tierra (incluidos 24 de sus hijos menores de edad), cuyos miembros no aparecen en el primer registro presentado párrafos antes, deben incrementar el número de personas que vivían en la ciudad de Cangallo, haciendo un total aproximado de un poco más de 358 individuos, quizás algo más de 370, si se suman a yanacones, empleadas de hogar, desocupados y cimarrones sin tierra que no aparecen expresamente en los documentos tomados como fuentes para este artículo. Las familias originarias constituidas, empadronadas como indígenas, a las que se suman los forasteros que habían adquirido tierras, y que estimo deben agregarse a los mestizos originarios presentados en la lista precedente, son:

Enrique Mitma, casado con la viuda Irimana.
Mauricio Guamani         Casilda Mitma
Raymundo Guamani      Antonia Chumbili
Alejo Guarancca             María Chaucca
Alberto Díaz                     Ventura Tinco
Lucas Andrade               Eulalia Guallancca (1 hijo)
Esteban Mitma               Dionisia Anchayhua
Eusebio Mitma                Juana Arimana
Encarna Ccaulla             (Viuda ?, ilegible, manchado, 2/hijos ?)
José Bautista                  Petronia Cceccaño
Cayetano Ayala               Rosa Pizarro
Manuel Ayala                  Pascuala Ugosi
Alexo Yuyali                     Juana Castro
Atanacio Yuyali               (manchado, ilegible)
Matías Tanta                    Leandra Guamani
(Federico ? Mitma           Isidora Guamani ( 1 hija)
Teresa Guamani              Viuda de Carlos Ugosi
Marcelo Chaucca            Martina Ugosi
Francisco Ccahuana “      Paula de la Cruz
Gregorio Yucra                Dionisia Ccahuana
Sebastian Blas                María Tanta (3 hijos)
Esteban Guallancca “       (viudo, 1 hija)
Juan de Dios Guallancca “ Barbara Peralta (2 hijos)
(…………………)             Inocencia (…)
(Isidoro ? (…. ...)             Cecilia Chaucca (1 hijo)
Juan de la Cruz               Estefa Guallancca
Miguel Peralta                 Francisca Pillaca
Ignacio Yuyali                  Josefa Guallancca
Carlos Yuyali                               Isabel Huallanca (1 hija)
Eugenio Rojas                 Rufina (?) Mitma (1 hijo)
Manuel Rojas                  Juana Mitma (2 hijas)
Pablo Guallancca           Teresa Guancasaca
Mariano Guallancca       (Soltero, hijo del anterior, Pablo)
Ancelmo Blas                  María Mucha
Leonardo Guallancca “    Josefa Blas
Agustin Chaucca            Toribia Vilcamanta
Ilaria Rojas                        (Viuda de Mariano Tipsa)
Juan Chaucca                 Victoria de la Cruz
Lorenso Chaucca           Ignacia Tanta
(………………….)           Dominga Chaucca
Pedro Ccespe                  Mercedes Guamani
Gavino Chaucca             Sebastiana Guallancca
Manuela Inostroza, viuda de Baltazar Palomino (1 hijo)
Francisco Mocha            Juliana Mitma (2/hijos)
Bernardo Esquibel          Paula Guacausi
Basilio Chaucca              Lucía Chate
Domingo Mocha              Magdalena Mitma
Lorenzo Salbatierra                    Martina Mocha
Dionicio Blas                   Felipa Mocha (1/hija)
Pedro Peralta                   Tomasa Inostroza (1 hija)
Asencio Peralta               Manuela Yuyali
Santiago Conchoa         Lucía Tomayro
Vicente Rojas                   (Soltero de 30 años)
Marcelo ? (…)                  (…) Ccespe    
José Medina                   Isidora Guamaccto
Pedro Roa                        Rosa Medina
Cristóbal Ccahualla        María Mocha
Sebatian Ayotiu (?)        Toribia Alfaro
Asencio Aguace (?)       Gerónima Tanta
Pascual Chaucca           Manuela Aynace
Mariano Ccespe              Tomasa Sarasa (?) (1 hijo)
Santos Tanta                   Juliana Vilcamonte
Juan Tinco                          Petrona Díaz
Narciso Achmoccasa “     María Medina (2 Hijos)
Casimiro Aynace              Petrona Guallancca
Mariana Ccespe               Ildefonsa Tipse
Andrés Esquivel               Eugenia Cceccaño
Miguel Ayala                     (Martina ?  Cceccaño
Agustín Ccespe                  (…) Arango
Mariano Blas                                Casimiro Ccasapaico (1 hijo)
Abelino Blas                       María Garamendi
Teobaldo Chaucca          Santusa Yuyali
Juan Romero                    Cecilia Diaz (1 hijo)
Juan Mitma                       Martina Chaucca
Mariano Pizarro                María Bautista (1 hija)
Andres Chaucca              Cayetana Mitma
Juan Mitma                         Tomasa Guallancca
Balerio Mitma                     Antonia Chumbi
Fermin Guamaccto            Petrona Medina
Ambrocio Losa                    Estefa Orosco (3 hijos)
Francisca X. de la Cruz “   Evarista Mocha
Felipe Tumbay                   Bartola Bautista
Santiago Yuyali                 Ana Mocha (1 hijo)
Pasqual Tipsa                  Antonia Mucha (1 hijo soltero 20 años)
Alberto Cárdenas             Agueda Guacausi
Agustín Cárdenas            Melchora Tumbay (1 hijo)
Jacinto Mitma                    Juliana Chaucca (1 hijo)
Gabriel Peralta                  Manuela Inostroza
Simón Chate                                Andrea Chaucca (1 hijo)
Dionicio Ccahualla          Juana Chaucca
Manuel Chaucca             Asencia Pullo
Tomás Bautista                  Simona Ccahuana
Juan Mitma                       Alfonsa Bautista
Florentino Pizarro            Lorenza Rojas (1 hijo)
Juan Chaucca                  Agustina Reyes
(……………….)                Manuela Mitma
Fulgencio Cusiccahua “    (Eugenia? Tanta
Esteban Guallanca          Viudo
Anselmo Bera de?          María Mocha (1 hijo soltero)
Juan Yuyali                         Soltero, hijo del anterior (…)
(…) Guallancca                   Soltero, hijo de Juan Yuyali
Pedro Apaico                       Soltero, hijo del finado Joaquín
Marcos Blas                       Escolástica Ayala
Alejo Ccahuana              Hijo de Francisco
José (Bautista ?)              Soltero
Julián Yuyali                                Paula Quadros
Mateo Ccespe                     Soltero, hijo de Mariano
Mariano? Guallancca        Hijo de (…)
Mariano Peralta                   Hijo de (…)
Toribio Peralta                     (Sin datos, 10 años)
Mariano Chaucca              Gertrudis Cerda
Justo Esquibel                    Hijo de Andrés.
Fabian Tinco                                Josefa Mitma (1 hijo)
Francisco? Sullca            Francisca Tinco (4 hijos)

RESUMEN:
Originarios forasteros sin tierra    87
Total de indígenas                          87
Hombres                                        122
Mugeres                                        124
TOTAL:                                           246 personas

Como hemos dicho, si se suman los 112 individuos de la primera lista y las 246 de esta segunda lista, obtendríamos el total de 358 personas, operación que podemos realizar en virtud al supuesto verificado de que en las dos listas no se duplican el registro de ningún habitante que reside en la ciudad de Cangallo, salvo algunos casos de homonimia: Los componentes podrían considerarse, por tanto, como el total de habitantes que tuvo la ciudad-capital de Cangallo en 1826. Infortunadamente no podemos saber si estamos totalmente en lo cierto, porque no disponemos de otros censos específicos de referencia. Pero si la suposición es verdadera, entonces habríamos dado un paso importante para responder en alguna medida al manojo de preguntas formuladas anteriormente. Al parecer la primera lista es de los mestizos y quizás algunos blancos residentes en la ciudad-capital, eximidos de pagar tributos por la causa anotada de los incendios, y la segunda es la lista de los indígenas que también residían en la misma ciudad, avecindados con los numerosos mestizos y que, grosso modo, representaban el 66% del total de habitantes. Una pista consistente es la identidad de los apellidos.

Comparado el total de 358 habitantes obtenidos en la sumatoria del hábitat de la ciudad-capital, con otros pueblos y simples haciendas de la antigua provincia de Cangallo, las diferencias de población total y por lo tanto de tributos, emergen fácilmente. Así, el pueblo de Canchacancha albergaba 288 personas, Tomanga: 97; Auquilla: 78; Quispillacta: 569; Paras: 542; Anus: 88; Espite: 99; Vilcancho: 33; Cocas: 164; Urancancha: 139; Lucanamarca: 522; Sacsamarca: 248; Carapo: 163; Manchiri: 252; Huamanquiquia: 153; Totos: 569; Espite: 90, Vilcanchos: 33; Cocas: 164; Urancancha 139; Sancos: 432; Lucanamarca: 522; Sacsamarca: 248; Carapo: 159; Taulli: 163; Manchiri 252; Huancaraylla: 168; Llusita: 172; Sircamarca: 86; Alcamenca: 201; Guambo: 117; Colca: 429; Guancapi 413; Quilla: 194; Pitahua: 77; Umasi: 72; Gualla: 859; Tiquihua: 629; Ccayara: 529; Mayobamba: 155; Hazienda Chinchero: 208; Canaria 32; Pueblo quemado de Morcolla: 133; Pueblo quemado de Asquipata: 116; Pueblo quemado de Apongo: 174; Racaya: 121; Tacas: 151; Guambalpa: 301; Guamanmarca 149; Accomarca: 120; Guarcas: 185; Estancia de Occo: 161; Ccocha: 201; Hacienda Raymi: 24; Hacienda Upiray: 37; Hacienda Huallhua: 14; Vilcas: 69; Pujas: 3; Vischongo: 313; Umaro: 126; Concepción: 193; Hacienda y obraje de Ccaccamarca: 91; Hacienda de Pomacocha: 262; Hacienda de Chanin: 93; Pueblo quemado de Ocros 205; Chumbes: 32; Hacienda de San José y La Colpa: 50, etc.
                                                                                                          
Esta segunda lista, obtenida penosamente por las condiciones precarias del material documentario reproducido (destruido por los insectos, manchado por el agua, tachados o perforado por la tinta), puede ayudarnos aproximadamente a señalar quiénes eran las familias originarias de la ciudad de Cangallo y quiénes las familias forasteras con tierra que, generalmente, adquirían este estatus social por matrimonio o por concubinato con una nativa. Este criterio se puede extrapolar para la lista principal presentada inicialmente, reitero, con las precauciones del caso. En el ejemplo, la mayoría de forasteros habrían sido todos los que tenían apellidos de origen español o los cangallinos de padres españoles o mestizos naturalizados en casi 283 años de coloniaje. Obsérvese que todas las mujeres habrían sido originarias de la quemada ciudad-capital de Cangallo o, a lo sumo, de las aldeas vecinas. Pero tampoco este criterio es absolutamente inequívoco, pues, por mandato de uno de los concilios limenses muchos nativos fueron cambiados de apellidos obligados por sus curas en el momento del bautismo si ellos indicaban alguna remembranza idolátrica a sus deidades aborígenes o, al no tener identidad conocida, adoptaban el de sus patrones o el de sus padrinos o el de sus atribuidos padres siendo realmente hijos suyos; además que desde el 9 de junio de 1543, fecha en que Cangallo existió oficialmente como un lugar geográfico para los españoles digno de tomarse en cuenta (por iniciativa de Lorenzo de Aldana, el primer encomendero de las tierras cangallinas que precedió a Juan Palomino), las combinaciones entre nativos/as y españoles/as por matrimonio, concubinato o casual encuentro sexual que dieron origen a los mestizos predominantes en nuestra ciudad, fueron panes del día, habiendo sido más  frecuentes las relaciones de varones españoles o mestizos en sus distintos grados con mujeres nativas y/o mestizas pero con apellido español. Entre 1543 y 1826 habían transcurrido 283 años de libre producción demográfica en perjuicio de nuestros indios, como anotaba −todavía por alrededores de 1600− con nostalgia y cierto acento racista de molestia, el cronista huamanguino indio Guaman Poma de Ayala.

Estos resultados censales de originarios y forasteros con tierra, pueden presentarse también organizados por doctrinas componentes de la antigua provincia de Cangallo. Así, Chuschi, tenía 1454 habitantes; Totos-Quispillaqta: 1625; Sancos: 1199; Carapo: 716; Guancaraylla: 804; Colca: 1187; Gualla: 2440; Canaria: 1042; Guambalpa: 1264; Vischongo: 1365; y Cangallo: 1104. Estos parciales reunidos daban un total de 14,200 personas para toda la provincia: 6,844 hombres y 7,356 mujeres.  Las fuentes mencionadas otorgan también otros datos parciales para las mismas circunscripciones que hacen extraviar por momentos al investigador; por ejemplo se dice en otros folios que debo organizarlos mejor que Totos tenía 16 almas de población, Chuschi y Quispillaqta: 390; Sancos: 138, Colca: 18, Huancapi que era anexo de Colca: 19, Quilla y Pitagua: 17, Hualla: 11, Canaria: 156, Huambalpa: 122, Huamanmarca: 221; Vilcas; 341, Vischongo: 80, Acomarca: 68, etc. En cambio la hacienda Carampa tenía 62; la hacienda Huallhua: 82, Moncua?: 171, Pujas: 173, Ocros; 111, Saurama: 47, Ccaccamarca: 51, etc, tratándose probablemente de pueblos concretos y no a circunscripciones más amplias como las doctrinas y repartimientos. El que he presentado líneas arriba, por doctrinas, requiere también afinarse en pequeñísimos detalles que espero realizarlos con nuevas confrontaciones en los repositorios para publicarlos en otros medios. Me urge entregar este regalo a los cangallinos también por sus fiestas patronales de este año 2018. Ellos tendrán ahora una mejor idea sobre sus orígenes familiares y una oportunidad para sentirse orgullosos de sus raíces telúricas y aspirar los aromas del porvenir sin minusvalías.
               
ALGUNAS CONCLUSIONES:

1.- Hubo una mestización indiscriminada entre las familias de origen indígena y la española; principalmente de varones o mestizos o castas con nuestras indígenas locales. Ello explica que los apellidos se repliquen no sólo en el ámbito provincial, sino que ocurran en casi todas las circunscripciones geográficas de la sub-región del Pampas y el departamento de Ayacucho.
2.- Como la ciudad-capital de Cangallo, tiene un reducido espacio habitacional, hubo corrientemente uniones incestuosas en distintos grados de consanguinidad. Ahora mismo, casi todos son parientes de todos.
3.-  La desaparición de ciertos apellidos explica los cíclicos procesos de migración de los cangallinos principalmente a la costa central y a la capital departamental, diferente a la migración contemporánea obligada por motivos de educación y trabajo y que está generando la decadencia inexorable de la mayor parte de los pueblos de la subregión del Pampas, pero, principalmente, la pérdida de nuestra mejor riqueza espiritual: el ser de nuestros apellidos indios que identifican parte sustantiva de lo peruano original. Perdonen, pero concluyo este modesto escrito, sollozando sin más testigos que los violines del silencio; mis lágrimas desean verse ante su propio espejo terruñero, humedeciendo con parvadas de amor esta tierra-madre: mensajera cariñosa entre lo efímero y la eternidad.

                                                                       Cangallo, 28 de julio de 2018.
                                                                            Max Aguirre Cárdenas.
  
Fuentes:
 A.-Padrón de Contribuyentes del Pueblo y Ciudad de Cangallo indultado por supremo decreto respecto a ser  quemado que empieza a rejir desde el 1ro. de julio de 1826”.
 B.- “Revisita de indígenas de la Provincia de Cangallo hecha por don Manuel Valdivia. Año de1826”

LOS BICENTENARIOS DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ Y LA BATALLA DE AYACUCHO: CANGALLO EN LA ENCRUCIJADA DE LA INGRATITUD DEL ESTADO PERUANO.



Con motivo del centenario de la independencia del Perú celebrado el 28 de julio de 1921 arribaron a Lima delegaciones de 29 países, incluidos Argentina, Colombia y España. No lo hicieron chilenos y venezolanos, precisamente los protagonistas más destacados de la independencia del Perú y la batalla de Ayacucho, respectivamente (comprensible entonces, lamentable hoy). Para destacar la efeméride se erigieron los conocidos monumentos ecuestres a San Martín en Pisco y Lima, se emitieron estampillas, se restableció la Orden del Sol  y se creó una medalla alusiva a la fecha, aparte de declararla día feriado en las ciudades del norte de Lima y el departamento de San Martín. También el Perú regaló los espacios para la construcción a su costa de los edificios de las legaciones diplomáticas de España, Argentina y Brasil, colocando sus primeras piedras. Recíprocamente, algunos países también otorgaron al Perú (vale decir a Lima) muchos regalos de valor cívico como el estadio de Santa Beatriz, el museo bolivariano de la Magdalena Vieja, el monumento a Manco Cápac en La Victoria, una fuente en el Parque de la Exposición, etcétera.

Para la celebración del centenario de la batalla de Ayacucho que ocurrió el 9 de diciembre de 1924,  arribaron las delegaciones de 30 países, incluida Venezuela, pero no Chile. Se inauguraron en Lima los monumentos a Petit Thouars y a Sucre,  el Palacio Arzobispal, la avenida del Progreso, el Hospital Arzobispo Loayza, el Museo Arqueológico de Pueblo Libre, el Panteón de los Próceres en el Parque Universitario, etc., sumado a ellos un conjunto numeroso de actividades culturales y sociales como ocurrió también en el centenario de la independencia nacional, aun cuando con más pompa (Ver “Historia de la República del Perú” de Basadre, 2005, Tomo 14: 67 y 101).  El departamento de Ayacucho  fue también agraciado sustantivamente con la construcción de la carretera Mejorada-Ayacucho. Aún más, su ciudad capital con la construcción del mercado de Santa Clara, la apertura de la Av. Centenario y la réplica del monumento limeño a Sucre colocada en la plaza de Armas de la ciudad de Ayacucho en lugar de la pileta colonial del célebre “Pascualito” trasladada a la plaza de Santa Teresa. Se promulgó ─ya en agosto de 1935─ la ley N° 8116 que mandaba erigir obras de infraestructura en Quinua que, como sabemos, fue el escenario casual de la gran batalla que consolidó la independencia del Perú y que en 1897 había sido objeto de un premio con la erección del Monumento a la Libertad mandada levantar por el prefecto Pedro Portillo, acatando un mandato del Libertador Simón Bolívar que sus predecesores no habían podido cumplirlo. Gracias a la citada ley se dotó a Quinua de agua potable, dos escuelas, alumbrado público, locales para el municipio y la gobernación, se restauraron la casa de la capitulación y la iglesia, y se colocó un obelisco en la plaza del pueblo.  La ciudad de Ayacucho, con análogo motivo y aprovechando la efeméride celebratoria de la fundación del cuarto centenario de su fundación española, fue premiada con la ley N° 9702 que obligó a construir una serie de obras de infraestructura como agua y desagüe, nuevo hospital, locales para la prefectura, correo, registros públicos, estadio Leoncio Prado, colegios Mariscal Cáceres y las Mercedes, y otras como la cárcel departamental y el Hotel de Turistas; esta última que se concluyó mucho tiempo después y vendida por el gobierno de Fujimori a la Derrama Magisterial, etc. (Ver “La Revolución de los Morochucos y la Batalla de Ayacucho: Errores y Silencios” de Max Aguirre, 2017: 261). Desde la perspectiva turística, la obra más relevante fue la erección de la copia exacta del monumento del mariscal José Antonio de Sucre ubicado en el Parque de la Reserva de Lima, en la plaza de armas de la capital departamental.

Para prever la celebración del sesquicentenario de la batalla de Ayacucho, se promulgó en enero de 1946 la ley N° 10367, por la que se declaró el 9 de diciembre como Día de la Libertad Sudamericana; y por la ley N° 14733 de noviembre de 1963: como el Día de la Libertad y la Confraternidad Americana y convertido en fiesta nacional. Por esta última ley, se ordenó asimismo construir a través de una Comisión Internacional un conjunto de obras para las ciudades de Ayacucho, Huanta y Quinua, destinado a promover el desarrollo regional, para lo cual se destinó ingentes recursos dinerarios, los cuales nunca alcanzaron a beneficiar en lo mínimo a los auténticos protagonistas de la revolución independentista del Perú como las provincias de Vilcashuaman, Fajardo, Cangallo y sus morochucos, quienes sacrificaron por la patria las vidas de miles de sus habitantes, experimentaron la destrucción total de sus pueblos y perdieron sus pocos recursos económicos, hechos que han dejado hasta hoy sus estigmas de pobreza extrema. Entre estas obras destacan la gran carretera asfaltada de los Libertadores Pisco-Ayacucho, el estadio Ciudad de Cumaná de Ayacucho, el Coliseo Ciudad de Caracas, la remodelación de calles y plazuelas, la red de agua y desagüe, y otras menores que nos abstenemos de enumerarlas. Lima, asimismo, fue en la práctica otra de las más beneficiadas, pues, se levantó en ella, el Monumento a los Próceres y se editó la importantísima Colección Documental de la Independencia del Perú, aparte de otras como la realización del V Congreso de Historia de América y el Complejo Cultural Simón Bolívar. Huanta fue beneficiada por otras tantas obras de infraestructura habiendo sido tenaz adversaria de la independencia, e igualmente Quinua que mereció  la construcción de la carretera que la unió con Ayacucho, además de un centro artesanal de buena factura y el monumento a Bolívar que al parecer nunca se levantó, y a los que se sumó el bello obelisco piramidal dedicado a “Los Vencedores de Ayacucho”, diseñado por el arquitecto español Aurelio Arias que remplazó al viejo y poco estético ─aunque significativo─ Monumento a la Libertad erigido por el citado prefecto Portillo.  (Si no estamos equivocados, posteriormente se añadió como parte del santuario histórico de la pampa de Quinua, el contrastante monumento ecuestre de José Antonio de Sucre, contiguo al obelisco). Empero, el gallardo concurso de la provincia de Cangallo nunca fue valorado pese a que se sabía ─a través del testimonio de José Hipólito Herrera y una expresa ley dada por la Constituyente de 1828─ que ella fue la protagonista de la primera jura de la independencia del Perú y la que ayudó heroicamente a dar el puntillazo final al poder colonial en América. Por ello, tal conducta de las pasadas comisiones será recordada como expresión aciaga de ingratitud de la nación y el Estado peruanos, testimoniada por la ridícula placa de bronce mandada colocar por la Comisión Nacional del Sesquicentenario en el pedestal del busto de Basilio Auqui trasladado de la plaza mayor de la ciudad a la avenida del mismo nombre, inscribiendo, orondos de irresponsabilidad, datos históricos falsos como: “Heroico Pueblo de Cangallo: Inmolado por la Independencia en mayo de 1821” o “La Nación a Basilio Auqui. Heroico Morochuco de Cangallo. Sacrificado con su familia el 22 de julio de 1822” (Aguirre, id: 261 y 262. Para datos complementarios, ver en Internet, del mismo autor, su blog “En busca del tiempo perdido”, especialmente el artículo titulado: “Cangallo: Víctima de la ingratitud del Estado peruano”).

Como en este corto espacio no podemos escribir todo lo que debiera decirse decentemente, nos limitamos a transcribir como colofón la noticia de la pre-formación de una Comisión Cívica Provincial pro festejos del Bicentenario de la Independencia Nacional y la Batalla de Ayacucho, pero, fundamentalmente, pro reivindicación de sus derechos conculcados desde 1924. La Comisión está  conformada inicialmente por un conjunto de ciudadanos preocupados por el porvenir de la provincia de Cangallo azotada por las lacras del subdesarrollo económico y social, expresadas en extrema pobreza, inculturación, migración suicida, educación sin calidad, y fundamentalmente en la corrupción de muchas de sus autoridades y la impunidad de la que gozan.

Nuestro propósito inicial es el consolidar una comisión ad hoc con la participación de delegados de los seis distritos de la provincia de Cangallo, algunos de Vilcashuamán, más el de Hualla de la provincia de Fajardo. Para el cual hemos acordado que dicha reunión debe celebrarse el próximo día martes 24 de abril del presente año de 2018 en el local del restaurant “Macro” de la ciudad de Cangallo.

Está demás decir que la motivación principal de nuestro propósito ha sido generada por la constatación (una vez más) de la EXCLUSIÓN ANTIHISTÓRICA, INGRATA E INJUSTA de la provincia de Cangallo de las comisiones oficiales que, a nivel nacional, se han gestado y se nominarán para celebrar el bicentenario de la dos efemérides citadas, siendo, como sugerimos, una de las protagonistas supremas. Exclusión antihistórica, ingrata e injusta que delata que el Estado peruano todavía no ha internalizado los valores de la gratitud y la justicia  a la gran obra histórica de nuestra provincia que fue dirigida a liberar al Perú invadido y expoliado por las fuerzas españolas, a través de una revolución sostenida y heroica de más de CATORCE AÑOS. ¿Alguien puede escatimar los esfuerzos de la justa causa que persiguieron los cangallinos? ¿Por qué se les excluyó de los beneficios otorgados con motivo del centenario y el sesquicentenario de ambas gestas de nuestra independencia? ¿Es posible el merecimiento de por lo menos una excusa fundamentada?. Hasta tanto: no nos cansaremos en seguir demostrando documentalmente que Cangallo y sus Morochucos organizaron toda una Revolución independentista, tan digna, sostenida y letal como tantos que la historia hispanoamericana registra, y que, sin ella, la independencia peruana hubiese sufrido fiascos dolorosos como el postergar nuestra liberación hasta las calendas griegas. Al proceso lo hemos denominado con justicia LA REVOLUCIÓN DE LOS MOROCHUCOS, componente con igual importancia que las Revoluciones de Huánuco, Lima, Cuzco, Tacna, y otros ciclos independentistas ocurridos en Hispanoamérica. El lector comprenderá a través de las últimas investigaciones históricas que su expreso silenciamiento en el contexto de la llamada por nosotros “La Maldición de Carratalá” ha sido vergonzante y que la historiografía nacional hispanófila tendrá que verse obligada a revisar su conducta cognoscitiva para valorarla con justicia y finalmente otorgarla el certificado de la suprema misión de la ciencia histórica, el de la verdad.

Los objetivos que perseguirá esta Comisión precursora, serán:

a)    Conformar y formalizar legalmente la Comisión Cívica a proponerse pronto.
b)    Obtener el nombramiento de sus componentes a través de una Resolución de los gobiernos local y/o regional, para legitimar sus acciones cívicas.
c)    Gestionar la incorporación de por lo menos un delegado a las Comisiones oficiales de celebración de las dos efemérides.
d)    Gestionar la no exclusión de nuestra provincia y sus pueblos en el disfrute de los programas de desarrollo y realización de obras conmemorativas como la construcción del Monumento a la Libertad en la plaza de Cangallo y el cumplimiento de la ley N°24995 que manda la construcción de la carretera pavimentada entre Ica - Huancasancos - Huancapi y Cangallo, que todavía sigue vigente, pese a su antigüedad.
e)    Difundir los nuevos logros de la investigación científica en los ámbitos historiográficos de la independencia nacional y regional, y que otorgarán fundamento y legitimidad ética a nuestros reclamos.

Invitamos a los cangallinos a formular ideas complementarias a los objetivos propuestos y a contribuir en las gestiones de incorporación a las Comisiones nacionales y regionales oficiales. Tienen la palabra también nuestras instituciones tutelares como ACUPC (Asociación Centro Unión Provincia  Cangallo), FIREPC (Federación de Instituciones Regionales de la Provincia de Cangallo y FEDIPA (Federación de Instituciones Provinciales de Ayacucho) y el mismo Club Departamental  Ayacucho (CDA) presidido por un distinguido cangallino.


                                                                                    Max Aguirre Cárdenas.
                                                                               Cangallo, 18 de abril de 2018.

LA CORRUPCIÓN: PATOLOGÍA MORAL QUE ESTERILIZA AL PERÚ. BITÁCORA PARA REGISTRAR EL TRANCE AGÓNICO DE LA JUSTICIA NACIONAL Y NOTAS MARGINALES PARA UNA FUTUROLOGÍA REGIONAL.



La corrupción, endemia que corroe las fibras espirituales de nuestra patria en la forma de un divieso que ha mutado en este último decenio en toda una cultura nacional, y cuyas manifestaciones revelan el fracaso rotundo de nuestras políticas institucionales, principalmente las educativas y judiciales que tutelan nuestra sociedad, también deja cotidianamente su impronta en la faz heroica de nuestra provincia, manchando su bien ganado prestigio de haber luchado infatigablemente por los valores de la civilización democrática en el período histórico de la Emancipación Peruana y amenazando su existencia misma como pueblo que tiene el derecho de gozar las bondades del futuro preservando sus virtudes cívicas y morales. Pero hoy, pasados los 200 años, está dándose cuenta de que sus sacrificios fueron un gran fiasco por causa de la corrupción enquistada en su alma colectiva, por lo menos desde que los hispanos invadieron inclementes su suelo, y que hay mucho que hacer para eliminarla, desde reescribir su historia llena de silencios y tergiversaciones como efectos de lo que hemos denominado “el síndrome o la maldición de Carratalá”, hasta fumigar sus hábitats institucionales donde prosperan los agentes patógenos que la mantienen secuestrada en la pobreza, labrando insensibles su segura decadencia.

    Cuando hace apenas un mes, después de un largo período de exposición, el Ministerio Público del Perú retiró su gigantesca pancarta colocada en el frontispicio de su local matriz de Lima en la que invitaba a la ciudadanía a denunciar los hechos que indicasen que la corrupción había brotado como un modesto divieso en cualquier localidad del país, irrumpió hoy, intempestivamente, la ingrata verdad de que dicho anuncio no había frenado en nada su penosa vigencia, precisamente por haberse convertida en cultura estructural o en parte íntima de nuestro ser nacional, tumorada en provincias desamparadas como Cangallo, y que un mero cambio de gobierno no garantizaba ninguna inmunidad, aún más si el mandatario reemplazado por el actual se convertía en inquilino de un penal y había difundido orondo por todo el país el lema electoral “la honestidad hace la diferencia”. Por extraña paradoja, lejos de haberse mitigado la gravedad de la patología, todo indicaba que ella se había incrementado, ya que las inconductas revelaban ser ahora el deporte favorito no ya de los sectores marginales y excluidos de nuestra sociedad, sino de la clase peruana de cuello y corbata, y lo más trágico, de nuestros últimos presidentes de la república, sin excepción; es decir de los máximos ciudadanos que personifican a la nación y merecen, por tanto, el mayor de nuestros respetos. Mientras que los primeros ponían en zozobra nuestras calles para apoderarse de un mísero celular, los otros actuaban con tal sigilo y aparente majestad para sustraer ilícitamente recursos dinerarios importantes del erario nacional. El antifaz ya no era el adminículo que protegía el anonimato o la vergüenza pública; se había convertido en un trapo inútil que sólo resaltaba la facies de maldad de los delincuentes de baratillo, porque ahora los facinerosos ya no se apoderaban de los valores apuntando con una pistola o una vulgar chaira, sino que esperaban que la plata venga sola o que su genialidad les irrogase, por conferencias de cuarenta minutos, grandes amasijos de dólares, que un humilde obrero sólo podría acumular a título de ahorros en dos o tres reencarnaciones. Y pensar que nuestros abuelos jamás cobraban por una de estas citas culturales, porque consideraban la sola invitación a difundir su sapiencia como expresiones de honor. La corrupción mostraba una vez más su  ingenio para deslizarse en la hojarasca del delito con más rapidez que un áspid en el pecho de Cleopatra.

    Lo que más duele, insinuábamos, es que el cáncer se haya enquistado en las instituciones tutelares de la nación: La Presidencia de la República, el Parlamento Nacional, el Ministerio Público, el Poder Judicial, la Contraloría de la República, el Poder Electoral, la Iglesia, el Ejército, la Policía, y hasta en las entidades  educativas y deportivas como la Federación Peruana de Fútbol, y haya elegido principalmente a los miembros de la clase política, rectora de la vida nacional, como sus embajadores predilectos. Aclaremos el entuerto, no sin antes reconocer la evidencia de que no todo lo inmoral es ilegal y que todo lo legal no siempre es moral, además de hacer hincapié de que no todo nuestro capital humano está infectado por el divieso y que todavía existen personalidades en buen número que gozan de nuestra fe y respeto, por su probidad y consecuencia, por su lealtad y amor a la patria que nos vio nacer.

    El término “corrupción” tiene una extensión semántica que comprende toda clase de transgresiones morales, delitos y faltas de distintas índoles que tienen un efecto destructivo del orden social y afectan gravemente el desarrollo de los pueblos generando brechas enormes que impiden la distribución justa de la riqueza nacional, haciendo imposible la aproximación al ideal decimonónico de la igualdad social y exacerbando la pobreza de las clases sociales más deprimidas. Se calcula que el Perú pierde, devorada por la corrupción, más de una decena de miles de millones de soles anuales. Si pudiéramos describir cada una de sus modalidades, no sólo necesitaríamos algunos tomos para exponerlas, sino que pocos de los actores sociales escaparían de ser acusados como protagonistas activos o pasivos, además de la gran dificultad de probarlos dado su modus operandi: la clandestinidad, la confianza de la que gozan como guardianes honorables de la despensa pública, el sigilo de sus compinches para lavar sus activos y su nombre. Por ello es que afirmamos que ella se ha convertido en una cultura que pugna por oficializarse, por salir en puntillas del armario público como  rival de marido engañado, como la rata quejumbrosa de dólares que no le hacen mella las pinchadas de nuestro desprecio ni la pedagogía de la cárcel. Todos sabemos que el delito que antes se cocinaba entre gallos y medianoche, ahora se amasa entre reflectores, aunque todavía no otorga recibo; y el derecho a la presunción de inocencia de sus actores lejos de favorecer su condena lo apaña finalmente gracias a las leguleyadas de los delincuentes que compran la impunidad a través de la prescripción. En esta ocasión sólo mencionaremos al soslayo a los personajes que ocupando una función clave en el amplio abanico de los cargos públicos, o cometieron traición a la patria, o malversaron los recursos del Tesoro, o se apropiaron ilícitamente de las propiedades públicas y/o privadas, desplegaron una existencia social plagada de inmoralidades que pusieron en peligro la fe nacional como los fraudes electorales, las defraudaciones, homicidios, los contratos malditos tipo Odebrecht, el narcotráfico, los sobornos, el tráfico de influencias y todo aquello que avergüenza al buen ciudadano. Es muy importante el conocerlos en sus intimidades, en razón de que puede ayudarnos a comprender muchos misterios de nuestra historia nacional y sobre todo, a entender la idea del Perú actual: sus debilidades, sus oportunidades, sus potencialidades, su permanente incapacidad para vencer la barrera del sub-desarrollo (vale decir su incapacidad para vencer el círculo vicioso de la pobreza), además de su enorme costo económico que va  hipotecando criminalmente su futuro.

    Tratándose de los mandatarios del Estado peruano, la historia de la corrupción les ha reservado un lugar privilegiado, entre muchos, a los más encumbrados como los señores … [mejor cerramos el telón para respirar, beber un poco de agua, e inyectarnos un poco de antídotos serpentarios]. Pero en verdad, por obvias razones de espacio, no nos interesa ahora historiar las “hazañas” de cada uno de  estos angelitos ya que lo han hecho, entre otros, Alfonso Quiroz y Víctor García Belaúnde. Sólo con miras a contribuir a su profilaxis, deseamos comentar brevemente el último escándalo que parece desnudar asimismo una amplia red de corrupción atribuida a la célebre sigla PPK, cuya letalidad no podemos todavía prever, ya que la hediondez que emana como azufre de los quintos infiernos y ha iniciado a lastimar nuestros órganos olfativos espirituales, están siendo mitigadas con desesperación para darlas la apariencia de leve improbidad, calificándolas a dichas inconductas como pecadillos veniales de picantería, en chascarros de taberna donde los parroquianos se “tiran un tronchito”, en cuchufletas inofensivas de hormiguitas que se dedican al contrabando en las fronteras, en negocillos coquetos con Odebrecht u OAS al amparo de la llamada “muralla empresarial y/o financiera” para acusar luego al fugimorismo de promover un golpe de estado con el cuento de pedir su vacancia, y a continuación premiar a su líder histórico con dos reconocimientos de toma y daca celebrados debajo de la mesa: como el concederle el indulto o perdón por los graves delitos cometidos en el pasado, y el derecho de gracia que lo blinda de toda acusación futura; y de yapa: intentar separar groseramente al juez Concepción Carhuancho del caso Odebrecht simulando legalidad administrativa oportuna, con la complicidad insultante a la inteligencia nacional de los ajedrecistas de los poderes oficiales y fácticos; en suma, consolidando una alianza vergonzante para mantenerse en el poder cueste lo que cueste y conseguir así la impunidad poniendo de rodillas a la diosa de la justicia para prostituirla. Es decir toda una pantomima emética que remueve de asco las tripas de los peruanos de buena conciencia ¿Es lícito en el nuevo código moral criollo, acusar de golpista a un grupo político rival y al mismo tiempo celebrar con él una alianza ética contranatura de mutua supervivencia? ¿Es honorable martirizar cotidianamente la verdad, ignorando el derecho de los deudos a gozar de la paz procurada por una pasajera justicia (como el suscrito que perdió a su hermano más querido), para luego hablar sin remordimientos de reconciliación? ¿Puede un hombre normal vivir en paz y dignidad recordando a sus seres queridos humillados, despedazados y convertidos en ceniza por el deporte perverso del asesinato que practicaron algunos pseudo-revolucionarios y militares aleves? ¿A esto lo llaman indulto humanitario? ... ¡Ojalá esté equivocado en mis sospechas! ¡Deseo por nuestro Perú, que mis pálpitos no sean ciertas!

En el gobierno local de la provincia de Cangallo, en la región Ayacucho, se replica en chiquito, como en un espejo cóncavo reductor, lo que sucede en el país. Confiados en que el enorme aviso del Ministerio Público colocado en la Av. Abancay, podía ser una eficaz alternativa para frenar la corrupción local, cuyas “hazañas” las enumeramos en un artículo publicado el 9 de julio de 2017 en este mismo periódico virtual con el título de “LA FARSA DEL DIA DE LA CREACIÓN POLÍTICA DE CANGALLO”, presentamos ante la oficina del Ministerio Público, y con la firma del autor de esta nota, hasta tres denuncias contra el actual alcalde provincial, esperanzados de que las mismas podían contribuir a frenar el carnaval de inconductas advertidas por toda la colectividad cangallina y confiados en que la autoridad tutelar del ramo podía cumplir su deber en concomitancia con sus leyes orgánicas y los mandatos del Art. 159 de la Constitución que obliga a la fiscalía responsable “promover de oficio o a petición de parte, la acción judicial en defensa de la legalidad y de los intereses públicos tutelados por el derecho” y en casos de flagrancia “ejercitar la acción penal de oficio o a petición de parte”, sobre todo en los referidos a la presunta comisión de los delitos de apología del terrorismo y la consecuente malversación de fondos (Ver trabajos de Nieto de Gregori sobre el asunto). Pero, este es un tema que abordaremos en otro artículo, después de beber un antídoto contra el escepticismo y después de imbuirnos más sobre los pormenores del intríngulis histórico ocurrido en Cangallo, Huamanga y Huanta, en 1969, bajo el canon de que nosotros exponemos los hechos y la autoridad fiscal, las calificaciones de derecho, como se deduce de la invitación propuesta por el Ministerio Público en su sede central limeña. Sin embargo, en resumen, podemos decir que las tres denuncias fueron archivadas definitivamente, sin derecho al pataleo, aprovechando la breve ausencia del suscrito para atender periódicamente los requerimientos de su salud amenazada y de paso publicar un libro dedicado a los heroicos morochucos, cuyas hazañas fueron silenciadas illo tempore por los que manejan incluso los hilos de la historia. Para el acaso informativo a la colectividad cangallina, cada una de las mencionadas denuncias fue sustentada con las pruebas objetivas e indubitables del caso. Se me ha informado paralela a mi requerimiento de contar con el texto de la decisión fiscal que invalidó de un plumazo tres de las últimas denuncias de las cuatro formuladas en el 2017 (una en la fiscalía de Huamanga y tres en la de Cangallo), que la notificación fue dejada en mi jardín domiciliario al abrigo de los fantasmas que se nutren de papeles, y adosado como premisa el expreso mensaje subliminal de que las denuncias falsas son castigadas con la prisión de cuatro años. Sin embargo, tengo todavía la esperanza de que este caso sea interrogado al Sr. Fiscal de la Nación por los congresistas que nos representan a los ayacuchanos, cuando sea interpelado próximamente, para así contribuir a la gobernabilidad de la República y coadyuvar también al triunfo de la justicia que, por ahora, se halla mendigando el arbitraje justo de sus custodios. Si la demanda escapa al interés del Congreso, abrigamos también la esperanza de que las acciones del gobierno local cangallino sean investigadas por la Contraloría General de la República. Son muchas las inconductas que se difunden sotto voce y que afectan la supervivencia digna de la provincia declarada por los Libertadores San Martín y Bolívar como heroica, y a sus habitantes (los altivos morochucos) como FUNDADORES DE LA LIBERTAD DEL PERÚ. Estamos hartos de que los últimos alcaldes hayan tenido problemas con la justicia y que ésta sea solamente punitiva y no reparadora ni educativa; hartos de que Cangallo se haya convertido en el vergel de las mafias electoreras de toqra y ojotas, sin que nadie sienta santa indignación. Encerrarlos a tres de ellos en la cárcel sólo ha significado, en buen romance, vacaciones pagadas de unos escasos años en las fondas del presidio, para luego ser compensados con el disfrute de los millones de soles amasados ilícitamente, hasta el fin de sus días. Vagos testimonios son los cimientos ruinosos del Coliseo Deportivo dejado por el ex-alcalde Percy Colos, y la caricatura de mercado de abastos abandonado a su suerte que deja el actual burgomaestre Pabel Bellido, pero que ambos le costó a la nación ingentes recursos dinerarios, que bien pudo invertirse en la lucha contra la anemia y la mejor educación de los niños del campo. Si amamos a nuestra tierra y a nuestra patria, debemos luchar por ellas sin miedos ni minusvalías, sobre todo hoy que están siendo infectadas por el pus de la corrupción. Somos indios, pero indios de mente abierta y corazón redimido por la esperanza, no ya los tímidos yanacones que daban de comer arrodillados al obeso patrón, sin dudas ni murmuraciones.                                                                                                                                                                                                                            
Max Aguirre Cárdenas

ARTE POÉTICA


       

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO

   ARTE POÉTICA                                       
A Rodolfo Sánchez.

Yo escribo poesía
para aligerar mis sueños,
sentirme libre como el aire
o el trino itinerante de los pájaros.

Yo escribo poesía
para fumigar mis odios ancestrales,
curar mis claroscuros de dolor,
contemplarme aliviado desde mi propia cruz,                                                            
tallando pertinaz las rocas de mi alma,
transpirando asaz mis esperanzas
para solearlas a la luz del día.

Yo escribo poesía
cuando descubro a mi alegría
llorando al borde de los acantilados,
musitando adioses y ayes morados,
cuando en los precipicios de mi alma
se resisten a morir mis angustias,
aun disparándolas el tiro de gracia.

Yo escribo poesía
martillando sin pausa mis canteras,
erigiendo un hogar para cada verso,
buscando una gema entre mis basurales,
haciendo una hermandad de mis dolores,
bebiendo a veces en silencio brutal
el zumo de una tristeza fatal
                     
También escribo poesía
para huir del tiempo yerto en el calendario  
cuando debo desclavar de sus cruces
mis angustias y sus alas de plomo,
cuando una voz me llama corazón adentro,
cuando un Dios gregario llega a mi alma
con su enjambre de ángeles de leche.

En fin, yo escribo poesía,
para limpiar de musgos mis albañales
y dorar a fuego lento mis cinceles
de picapedrero honorario del Parnaso.

Cangallo, 19 de mayo de 2017.

KANKA Y CANGAR: ¿ORÍGENES DEL TOPÓNIMO CANGALLO?



EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO



KANKA Y CANGAR: ¿ORÍGENES DEL TOPÓNIMO CANGALLO?


Un comentario breve a mi artículo anterior: “Los significados de los topónimos Cuzco y Cangallo” que identifica a un lector del distrito de los  Morochucos, sentencia que la voz Cangallo proviene de “Kanka ayllu”, empero sin aportar ninguna prueba verificable. Afirma el citado lector que los kanka ayllu, referido por algunos documentos antiguos, recopilaciones de la memoria colectiva de los Morochucos y vestigios arqueológicos, fueron pastores que residían en las actuales comunidades de Chalco, Cusibamba, Buenavista, Paqarisqa y Cancalla. Cuando me referí anteriormente a las afirmaciones del huamanguino Víctor Navarro del Aguila sobre el tema, reproducida en su libro “Las tribus de Ancku Wallokc”, que inicialmente fue una tesis universitaria presentada en la Universidad Nacional del Cuzco en 1939 para obtener el grado académico de doctor en la Facultad de Filosofía, Historia y Letras, ya habíamos observado que en lugar de afirmar que el topónimo o nombre del lugar Cangallo venía de “Kanka y Allu” (o sea de “pene asado”), hubiera sido más consistente y menos arbitrario proponer, por ejemplo, que el término en cuestión podría haber provenido de los vocablos aimaras “kanka ayllu” o “ccanccallo”, “kankallitha” o hasta “cangllo”. No lo hizo, porque él partió de la premisa subliminal de que todas las tribus de “ancku wallokc” incluyendo los “ayllus de willkas waman” eran de origen quechua; tremendo error, perdonable si tenemos en cuenta a que todavía la lingüística andina estaba en pañales y no había adquirido todavía el estatus de una especialidad científica que ha dado saltos gigantescos gracias a los trabajos de Middendorf, Hardman, Adelaard, Torero, Cerrón, Mannheim, Taylor, Parker, Calvo, Campbell, Itier, entre otros. Ahora sabemos que parte importante de los topónimos de la región ayacuchana son de origen aimara, familia lingüística donde se incluyen al jakaru y al cauqui de Tupe y otras localidades de las serranías yauyinas de Lima, definidas por Rodolfo Cerrón como variedades del aimara central.

Como dije en mi anterior artículo, la voz kanka, significa en el runasimi: asado, y en el aimara de Bertonio: “lleno de grietas y/o cubierto de sarna”; y sus relativos “kankalli” y “kankallita: “grieta” o “costra” y “sollozar mucho” o “hacerse grietas en los pies”, respectivamente. No hemos encontrado en el “Vocabulario” del jesuita ninguna alusión de “kanka” como asado de carne; que quizás haya en los tratados lexicales del padre Barzana, Torres Rubio, del Vocabulario Políglota de los franciscanos de Ocopa, las Relaciones Geográficas de Jiménez de la Espada, el padre seráfico Jerónimo de Oré y las referencias noticiosas en infinidad de crónicas y relaciones (Ver Cerrón Palomino: “Lingúística Aimara”, CBC, 2000). En consecuencia, los que afirman que Cangallo procede del quechua “kanka” tendrían que admitir que el nombre apareció sólo después de que el quechua se erigió como la lengua social u oficial del Pampas; pero entonces las etnias mitmas que hablaban el protoaimara o el aimara ¿cómo lo denominaban al lugar geográfico, más aún que los estudios y los testimonios cronísticos aseguran que en la región Huamanga, Arequipa, Lima e incluso en el Cuzco se hablaba el aimara o una variedad dialectal de él o quizás el pukina?. Las “Relaciones Geográficas” de Jiménez de la Espada son las más explícitas respecto a las hablas de las provincias huamanguinas centro-sureñas en los inicios del período colonial, donde se dicen que el aimara era la lengua predominante de muchas  etnias de la región del Pampas y vecinas a ella. De lo dicho se puede colegir que las tesis “kankaínas” no son las afortunadas para afirmar indubitablemente que el topónimo Cangallo derivó del quechua “kanka”, aunque se diga que las tribus de la altipampa se alimentaban con carne asada y poco con productos agrícolas, en razón a que fueron culturas ganaderas que ocupaban un piso ecológico de altura. Ocupémonos de la famosa Cangar.

Alfredo Alberdi Vallejo, es un antropólogo sancristobalino que ahora se desempeña en la  Alemania berlinesa como un investigador de temas históricos, preferentemente a los conexos con Guamán Poma de Ayala, constituyéndose en un gran rival de especialistas como Rolena Adorno y el núcleo italiano de Laurencich, Miccinelli, Animato y Cantú. Como dije en mi artículo anterior, él está convencido de que Cangallo deriva de Cangar, pueblo del extremo sur de la encomienda de Vasco de Guevara otorgada por el licenciado Cristóbal Vaca de Castro el 25 de junio de 1543. La encomienda ─que antes pertenecía al difunto Francisco de Balboa─ abarcaba la provincia incaica de Parcos y era mandada por Changa Auca, mientras que el “principal” de Cangar ─tierra de carpinteros y cultivadores de maíz como los demás pueblos de la jurisdicción─ era Cuyro. En su libro “El mundo al revés: Guamán Poma anticolonialista”, escribe:

“El mapa etno-geográfico que contiene la “segunda encomienda” de Guevara, abarcaba el ámbito de la provincia de Cangallo con los pueblos actuales de Putica y Chuschi ─aunque el nombre de la misma ciudad de Cangallo, cuyo nombre antiguo sería “Cangar”, se confunde con la Comunidad del mismo nombre del distrito de Cajas, Acobamba, Huancavelica─ que habrían conformado la unidad espacial con los pueblos de Acobamba, Tayacaja y Angaraes, todos del departamento de Huancavelica, pero sin tocar la propiedad en manos de Diego Gavilán, extendiéndose  hasta Tambo Anya del distrito de San Jerónimo de Tunán y la provincia de Huancayo en Pariahuanca” (Alberdi, op. cit. pág. 120).

La tesis de Alberdi, plausible por su impreciso apoyo documental, sin embargo, no me convence, por los siguientes motivos:   

a)  La voz Cangallo existe, por lo menos, en seis lugares del territorio peruano; a saber: Arequipa (en el distrito de Chihuata), Puno (en el camino a Umasuyu), Cuzco (la Cangalli de Checacupe), dos en Huamanga (la capital de la provincia de Cangallo y Tambo Cangallo, este último, perteneciente, antes,  a la jurisdicción del corregimiento de Vilcashuamán), otro que cumplía la función de tambo en las punas del camino entre Huamanga e Ica (próxima a Córdoba), y finalmente en Huancavelica (la Congalla de Julcamarca que muy habitualmente la escriben como Cangallo). Algo más: En los documentos coloniales de cronistas, copistas y escribanos, aparecen todos los topónimos mencionados escritos indistintamente como Cangalla, Congalla, Cancalli, Cancalla y Cangallo, los que han generado yerros a veces mayúsculos, como cuando se refieren a la Cangallo de Chihuata en la provincia de Arequipa y a la Cangallo del Pampas, provincia del departamento de Ayacucho.

b)  Si bien es cierto que el documento probatorio que ha ubicado Alberdi en el Archivo de Indias de Sevilla, referido al otorgamiento de la encomienda de Parcos por el licenciado Cristóbal Vaca de Castro a favor de Vasco de Guevara, dice que “el pueblo que se llama Cangar  con su principal Cuyro son carpinteros e siembran maiz con seis yndios de servicio e seis casas pobladas ay en el dicho pueblo yndios mitimaes de Guanuco”, mi dilatado periplo investigatorio sobre Cangallo y el examen de todos los grupos mitmas que habitaron la región del Pampas niegan la posibilidad de que en el suelo de la actual ciudad de Cangallo ─que antes era un mero Qochqawayqo (quebrada seca y pedregosa, lecho del río Macro)─ hayan habitado mitimas huanuqueños. De que cultivaban maíz es congruente con el piso ecológico qeshwa en donde está ubicado, pero de que era tierra de carpinteros me parece contradictoria a su ubicación topográfica, donde apenas hubo arena y piedras y quizás molles, patis y tunales en sus contornos, pero no materia prima forestal destacable.

c) En otro párrafo del documento mencionado se dice: “Otro pueblo  que se dice Putica que es subjeto al dicho Paucar Guaman que es principal del dicho pueblo Chuspi siembran maiz con  diez y siete yndios de servicio e cinco casas pobladas”. A mi juicio Putica es el nombre de lugares donde crece una planta acuática del mismo nombre y es muy probable que tenga un origen aimara como Putina y Putaqa. Yo he ubicado casi cuatro sitios que tienen dicho nombre: Putica (centro poblado actual  del distrito de Cangallo); Putica (cerca al pueblo de Córdoba, camino a Ica); Putica (en el Callao, departamento de Lima, y lugar donde peleó Diego Túpac Amaru). Existe también en Huancasancos y, si mal no recuerdo, también por Tarma. Según Navarro del Aguila, Putica, escrita por él Putikca, significa “tristeza melancolía”; pero, entiendo, esta es una adaptación del aimara de tiempos de Bertonio “puthita” que significa “entristecerse” o “puthicata” que significa “tener lástima”. En el “Lexicón” quechua de Domingo de Santo Tomás,  el término “puticoc” y “puticuni” significa “hombre pensativo” y “estar pensativo”, respectivamente. Y en el “Vocabulario” de González Holguín, “puticuy”: “la tristeza”. Todos sabemos que en el quechua del Pampas de hoy, tristeza es “llaki”, y estar triste: “llakiy”. Pero putica, escrita como tal, no he hallado en los diccionarios, pero sí en muchos documentos coloniales (por ejemplo en Guamán Poma cuando se refiere a sus balseros).

d) Por otra parte, como antecedente de este párrafo criticado, se dice que Paucar Guaman, el principal del pueblo de Putica, es además principal o cacique de los pueblos de Casna que tiene  tres indios y cinco casas, Urcos que tiene diez indios de servicio  y doce casas pobladas, y finalmente Putica que ─como hemos transcrito─ siembran maiz diecisiete indios de servicio y tiene cinco casas pobladas. Me resisto a creer que en la vecindad de Putica haya habido pueblos como Casna y Urcos, seguramente desaparecidos o que hayan cambiado de nombre: ¿Cancalla?, ¿Wawapuquio?, ¿Mollebamba?, ¿Matero?, ¿Qochapata? He examinado los títulos de propiedad de algunos de ellos y no hay rastros de tales nombres. Además se dice en el documento (en esta parte ambigua) que el cacique Paucar Guamán era natural y también principal de Chuspi, que Alberdi lo identifica como Chuschi (Guamán Poma lo llamaba Chusqui). Si esto es razonablemente posible, sólo que tiene que admitirse que la jurisdición territorial de Paucar Guamán, ttuvo que ser discontinuo, tipo archipiélago, puesto que el mismo Alberdi afirma que Casna estaba en Tayacaja y se llama ahora Casay, y Urcos se ubicaba en Angaraes y se llama ahora Urcay.

e) En el acta del cabildo de 9 de junio de 1543 de la ciudad de San Juan de la Victoria se observa que el pueblo de Cangallo ya era designado como tal y no como Cangar. En efecto, Lorenzo de Aldana que se había incorporado como miembro del cabildo (por haber sido nombrado por el Lic. Vaca de Castro, Teniente de Gobernador y Capitán General de Guamanga), pide a éste la merced de tierras y estancias. En ese momento, Francisco de Balboa, alcalde ordinario nombrado por su majestad,  todavía estaba vivo e incluso firma el acta precedente de 17 de mayo de 1543, el de  6 de mayo de 1543, etc. y el último conocido de 3 de junio de 1547 (esta acta siendo ya regidor solamente):

“…este dicho día el dicho señor tenyente de Capitan ─reza el acta─  pidio a sus mercedes le hagan merced de estancias pa pastos e asyentos de vacas ovejas y puercos y otros ganados  e yeguas desde pinagua hasta el rio questa de aquel cabo de cangallo desde la cordillera de la syerra hasta el rio grande questa entre los yndios del dicho tenyente lorenco de aldana de los yndios de pedro diaz e asy mysmo pidio a sus mercedes le manden dar en chupas y en pinagua asyento de sus yndios a donde las quysiere treynta hanegadas de tierras en sembradura” (Libro del Cabildo de la Ciudad de San Juan de la Frontera de Huamanga 1539-1547. Casa de la Cultura, 1966: 126 y 127).

Las preguntas que surgen espontáneamente son: ¿No se dice acaso en el título del documento de cesión de la encomienda de Parcos que Francisco de Balboa, encomendero vecino de Huamanga, ya había muerto para el 25 de junio de 1543; y, sin embargo, había un Francisco de Balboa que seguía firmando el acta de 3 de junio de 1547? ¿No será que el Francisco de Balboa (el encomendero de Parcos) y el Francisco de Balboa (alcalde ordinario del cabildo de Huamanga y luego solamente regidor), son dos personajes distintos que solamente les vincula la homonimia?  Debe tenerse en cuenta que Vasco de Guevara recibió la encomienda, según el documento que publica Alberdi, únicamente cuando murió el primer encomendero, propuesto y admitido por el rey y cuando recibió la cédula del gobernador Vaca de Castro firmada en el Cuzco. Pero también vale la pregunta:  ¿Existe un error en el juicio de Alberdi (capital para nuestro caso) al analizar sus fuentes como el no sospechar que Vaca de Castro no podía otorgar simultáneamente Cangallo a Vasco de Guevara y a  Lorenzo Aldana por más que este último haya sido su criado y favorito, jefe de la caballería del hijo de su socio y protector: el adelantado Diego de Almagro en la batalla de Chupas, y haber sido agraciado con una riquísima encomienda en Jauja y poco antes con una encomienda en Quito?; y finalmente: ¿No será que Cangar no fue en absoluto el nombre antiguo de Santa Rosa de Cangallo? Invito al lector sacar sus propias conclusiones. La mía, derivada de la cronología expuesta, es que si el cabildo huamanguino de 9 de junio de 1543 le había otorgado tierras desde Pinagua en Huamanga hasta el río Pampas que antes se llamaba Río Grande, incluidas en ellas Chupas y Cangallo, no podía Vaca de Castro, tan sólo a 16 días posteriores (o sea el 25 de junio de 1543) adjudicarle la encomienda de Parcos a Vasco de Guevara que, según Alberdi, comprendía entre sus numerosos pueblos a Cangar. Como la prueba de este último acontecimiento está fundada en la  antes citada ordenanza de Vaca de Castro dada en el Cuzco en la fecha anotada y que exhibe Alberdi en su libro (págs. 121 al 123), me conduce al corolario de que Cangallo nunca perteneció a la nómina de pueblos ni de la provincia incaica ni de la provincia hispana colonial de Parcos. Aún más, Vaca de Castro, que había actuado de acuerdo a las normas vigentes (el petitorio de adjudicación  lo hizo Vasco de Guevara el 20 de marzo de 1543) no podía darle al caso un cariz escandaloso dados los “méritos” políticos veleidosos (y, se rumoraba, de alcoba) de Aldana, y haber dejado sin efecto la cédula que había nombrado como encomendero de Parcos al vecino huamanguino García Martínez (presente en la batalla de Chupas del 17 de setiembre de 1542 y miembro del cabildo), cuando estuvo guerreando a Diego de Almagro “El mozo”, lapso en que también nombró a Aldana como Gobernador de dicha ciudad. El texto del acta que agregamos al párrafo transcrito así lo asegura: Dice:

E luego los dichos señores Justicia e regidores dixeron que le concedían e concedieron e davan e dieron todo lo que por su merced pedido asy ny mas ny menos que lo pidieron las dichas estancias y tierras a donde el las quysiere señalar por ser como es los asyentos de ganados e otras en sus  asyentos de yndios e señalaron a hernando de villalobos alcalde e a garcia martynez e a Jouan de berryo pa que le señalen los dichos asientos de ganados e tierras de Xanan e los demas pedidos  por el dicho señor tenyente e lo firmaron de sus nombres hernando de Villalobos Jouan de berrio garcia martinez vasco Suarez” (Libro del Cabildo de la Ciudad de San Juan de la Frontera de Huamanga 1539-1547, id. 1966: 127).

f) Una última observación: ¿Cómo explicar la existencia de nombres antiguos en el valle del Pampas y la provincia de Huamanga, como Anos de Veracruz en Totos, Anos-Anos (¿por Paras?), Putaqa, (en las provincias de Cangallo y Vilcashuamán), Pinahua (por la zona de Andamarca, barrio colonial huamanguino que yo pensé –como Alberdi─ derivaba del quechua Piñagua). Todos estos topónimos son al parecer de origen aimara, si no del qaqaru o qaqi-aru. Esperamos que algún lingüista emprenda la tarea de inventariar la Onomástica regional. Será de gran ayuda para proseguir con menos dificultades la investigación etnohistórica.

g) Por último, no nos dice Alberdi si “Cangar” fue una voz aimara, puquina, quechua chinchaysuyu, quechua cuzqueño, o de alguna de las lenguas “hahuasimis” de las que nos informa Jiménez de la Espada en sus “Relaciones Geográficas de Indias”. Comprendemos que no fue su tema, pero teniendo en cuenta que es experto en Guamán Poma, hubiera sido deseable por lo menos una apostilla, ya que la “Corónica…” del ilustre indio lucanino contiene textos aimaras, además que la onomástica que desliza a través de toda su obra haría más inteligible su vida y obra. Pueblos de la antigua provincia de Cangallo, aparecen nítidos en ella, sobre todo en su “Buen Gobierno”, a saber: Zanco Huanca, Chuschiaymara, Putica, Circamarca, Quilla, Tanquiua y otros.

Max Aguirre Cárdenas.


miércoles, 7 de septiembre de 2016



EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO



POEMA PARA LA NIÑA DE LA CARITA SUCIA.
Oh muñeca de los ojos tristes,
profunda de ingenuidades como tu pobreza,
das vueltas, sigilosa, entre mis suspiros
como una frágil mariposita de otoño,
cromada de luna andina en cuarto menguante,
aupada feliz en los hombros de la niñez,
Y yo, apenas puedo detenerte 
para abrigarte entre mis versos,
borrar tus arreboles pincelados por el frío,
y prepararte un avío de ternuras para el camino.
¿Y el dócil gatico que retoza en tu espalda?
de bigotes de bandurria y piel de manzano
¿nada ha comido como tú?
¿sólo pétalos de lirios y nopales?
¿sólo gramos de amor y nostalgias?


Oh tu boquita de amaranto andino
de cerezos floreando en octubre, 
que al parecer no ha mordido ni una fruta verde, 
habría atraído el ¡Jesús! piadoso de mi madre
el ¡Jesús! que su corazón aullaba cuando sentía pena;
¡Toma niña las cálidas humitas de mi abuela!
de choclos trozados por alondras y ángeles,
y guardados en el troje de mis recuerdos;
toma estas hostias de maíz y agua bendita,
hechas para socorrer a los niños que Dios creó, 
sin un beso y el pan bajo el brazo.
¡Bebe niña de labios frutícolas!,
¡calma tu sed de tierra sin aguacero!
estas gotas frías, estancadas en las corolas del olvido
y evadidas apenas llegaste con tu minino a cuestas, 
son las últimas lágrimas de mi madre, 
antes de estallar en el patíbulo de sus mejillas.
Y pensar que nuestros míseros gobernantes,
pícaros vendedores de cebo de serpientes,
nos siguen dulcificando con el trino de los frailes,
ocultando sus alforjas sucias desde hace 500 años,
plagadas de antifaces y sacrilegios,
que no faltará pan ni alegría en los Andes.
ni silabarios de ensueños para la niñez.

Max Aguirre Cárdenas
(Publicado también en el muro de  "La Voz de Santa Rosa de Cangallo")